Antecedentes epidemiológicos, etiológicos e investigaciones previas sobre la condición de salud
De acuerdo
con el reporte Perspectivas de la Población Mundial de las Naciones
Unidas (2019) en el mundo hay alrededor de 143 millones de adultos mayores,
pero se prevé que este número se triplique y llegue a 426 millones en 2050, lo
cual constituye un desafío para la sociedad debido a las consecuencias
biopsicosociales que implica la vejez.
El INEGI (2022), por su parte, señala que las personas de 60 años o más, representan al 14% de la población mexicana, contabilizando hasta esa fecha a 17 958 707 personas que pertenecen a esta población, de los cuales 67 de cada 100 no son personas económicamente activas (12 110 210). El 56% de la población de adultos mayores tiene de 60 a 69 años; el 30% de 70 a 79 años y 14%, 80 y más.
Pertenecer a este sector de la población, resulta ser
un cambio significativo para las personas mayores; ya que tienen una transición
de una vida productiva y llena de expectativas a una vida en la que ya no
realizan las actividades que solían desempeñar y en la que, en algunos casos,
comienzan a depender de sus cuidadores.
La senectud conlleva
múltiples cambios biológicos, psicológicos y sociales que requieren de la
adaptación de la persona para enfrentarlos de manera efectiva y conseguir una
buena calidad de vida. No obstante, no todos los individuos están preparados
para enfrentar los desafíos que la ancianidad trae consigo, por lo que el
adulto mayor puede estar en riesgo de desarrollar síntomas depresivos y
depresión que, a su vez, incrementan la probabilidad de hospitalización,
discapacidad, institucionalización y comorbilidad, ya que limitan el movimiento
voluntario y la realización de actividades que son favorables para la salud
(Ávila, Garant y Aguilar, 2006).
De acuerdo con el
Estudio Nacional de Salud y Envejecimiento en México (ENASEM, 2020) el 47% de
las personas a partir de 80 años reportó presentar síntomas depresivos.
Al respecto, un estudio
realizado por Cáceres (2004) con adultos mayores constató que 38% estaban en
riesgo de desarrollar depresión y 10 % ya se encontraban en estado depresivo al
momento de la investigación, sin embargo, esta condición se presentó más en las
personas sin trabajo remunerado y en aquellas de mayor edad, por lo que se duce
que el contacto social que proporciona la actividad laboral favorece al estado
anímico y corrobora que, a mayor edad, aumenta el riesgo de experimentar
estados depresivos, estos favorecen la comorbilidad y mortalidad, pues se
relacionan con una menor autonomía, deterioro de las capacidades cognitivas,
menor autocuidado, decremento de las interacciones sociales y disminución de la
calidad de vida (INMUJERES, 2018).
Esto puede explicarse
bajo el modelo bio-psico-social, el cual, de acuerdo con Cardozo y Rondón
(2014) es un modelo teórico que se enfoca en la
comprensión de los comportamientos saludables y de riesgo. El modelo toma en
cuenta múltiples procesos causales y plantea que el ser humano es un ser
integral en el que confluyen aspectos biológicos, psicológicos y sociales que
influyen en su funcionamiento. Por su parte, Belloch y Olabarría (1993), sostienen que estos
factores son igualmente importantes en el proceso de salud-enfermedad, y están
en constante interacción, por lo cual es necesario considerar las tres
variables para tener una mejor comprensión de los problemas y necesidades de la
comunidad y así mejorar la calidad de vida de quienes la componen.
La calidad de vida es
definida por la Organización Mundial de la Salud (1996) como la forma en que
las personas perciben subjetivamente el estado de su propia vida con respecto
al contexto cultural al que pertenecen, sus valores, expectativas, objetivos y
preocupaciones; se compone de varias dimensiones que incluyen aspectos como la
autonomía, redes de apoyo social, e incluso la espiritualidad.
De estos elementos,
autores como Durán et al. (2004), señalan que los tres pilares de la calidad de
vida de los adultos mayores son, la salud mental, la salud física y la función
social. Al respecto, Botero de Mejía y Pico (2007) afirman que son las redes
sociales la columna vertebral del funcionamiento social en la ancianidad.
De acuerdo con Santos de
Santos (2009) la integración social y la interacción con otras personas se
consideran factores de protección que fomentan una mejora de la calidad de
vida, de las capacidades cognitivas y de la autonomía en el adulto mayor; esta
integración implica el sentido de pertenencia, mantener interacción constante
con las personas, participar en actividades sociales y de la comunidad.
Por su parte Fernández
Ballesteros (2016) define el apoyo social como las relaciones sociales que se
dan en un contexto informal y que permiten al adulto mayor obtener beneficios,
servicios y recursos materiales de manera recíproca, interacción que contribuye
al bienestar de las personas al funcionar como apoyo para un mejor
afrontamiento de los eventos estresantes y factor protector de la salud física.
Las redes sociales forman parte del engranaje para la obtención de soporte y se
dividen en redes primarias, conformadas por los familiares y secundarias,
integradas por amigos, vecinos, parientes y personas de la comunidad (Botero de
Mejía y Pico, 2007).
La integración social se
gesta a partir de la relación que el adulto mayor tiene con amigos, vecinos,
colegas y/o familiares, y que le beneficia al proveerle una sensación de
seguridad y bienestar, además de apoyos emocionales, instrumentales (labores domésticas,
acompañamiento) e incluso materiales y cognitivos (Jauregui, et al., 2006, como
se citó en INMUJERES, 2018). Está relacionada con la mejoría de la calidad de
vida, la autoestima, el adecuado rendimiento cognitivo, apoyo psicológico y
menor comorbilidad. (Sempere, Méndez y Ruiz, 2023). Aunque estos son beneficios
inherentes a la integración social, en México, el 42% de los adultos mayores
entre los 60 y los 79 años y el 43.6% con 80 años o más, mencionaron sentirse
solos (ENASEM, 2020).
Al respecto, Quintero et
al. (2018) señalan que la soledad favorece la institucionalización, la cual
disminuye la calidad de vida al aumentar la dependencia y apresurar el
detrimento de las capacidades físicas y cognitivas.
Sin embargo, los cambios
demográficos también han llevado a la necesidad de buscar opciones de
asistencia para atender a los adultos mayores, pues muchas personas no cuentan
con la capacidad para atender a sus familiares, sobre todo cuando estos se
encuentran en situación de dependencia para realizar sus actividades
cotidianas, por lo cual se ven en la necesidad de institucionalizarlos,
principalmente a quienes presentan problemas de salud que no pueden ser
atendidos en sus hogares al requerir la atención de profesionales y recursos
especializados en el ámbito sanitario, además de necesidades de atención
farmacéutica y de nutrición especial que son gestionados por los centros
gerontológicos, en muchas ocasiones con dificultades (Martínez, 2021).
El ingreso a los Centros
o residencias de retiro, puede ser un proceso complicado para algunos adultos
mayores; ya que esto implica el cambio de domicilio, estar en un lugar y no
poder salir de él con facilidad, perder contacto con la familia, vivir una
monotonía que al final del día puede generar en ellos un malestar.
El proceso de adaptación
en estas comunidades no solo afecta a los residentes, sino también a los
cuidadores, a las familias y las personas que laboran en cualquier área dentro
de las instalaciones. Al hablar de esto nos referimos a la adaptación ambiental
de las personas que se encuentran dentro de esta comunidad y según García,
Sánchez y Román (2019), esta adaptación implica tener una aproximación a los
factores multidimensionales que se presentan tanto físico como sociales, mismos
que influyen en las personas que se relacionan en esta comunidad y las
capacidades y limitaciones de cada una de ellas. Para el manejo y mejora de
estos problemas se cuenta con el apoyo de la Gerontología ambiental, misma que
se enfoca en conocer, modificar, analizar y optimizar la relación que existe
entre el entorno físico-social y los adultos mayores; cabe mencionar que esta
función la realiza de manera multidisciplinar, ya que se apoya de la
psicología, medicina, arquitectura, geografía, sociología y la antropología.
En este proceso de
adaptación suelen manifestarse factores que afectan el ambiente de convivencia
de estas estancias; uno de estos factores (que algunas personas de la comunidad
manifestaron experimentar en el centro gerontológico “La casa de los abuelos”)
es el distrés o estrés desadaptativo, presente principalmente en el personal
que labora dentro de este centro; este tipo de estrés se distingue por generar
sentimientos de angustia, insatisfacción, ansiedad, llegando a generar malestares
físicos o psicológicos que influyen negativamente en el desarrollo de la vida
diaria del individuo.
Hurtado-Vega (2021)
señala que proveer cuidado a los adultos mayores no es una tarea fácil y afecta
tanto a la persona cuidada como al cuidador y a su vez, al entorno. En muchas
ocasiones los recursos y apoyos para los cuidadores son escasos e
insuficientes, lo que explica el desarrollo de malestar físico y psicológico
que se interpone en una atención de calidad. Los cuidadores han sido
considerados, en la mayoría de las veces, como un recurso, pero no como
personas que, a pesar del impacto personal que produce el cuidado de personas
dependientes, también requieren ayuda y atención. Con base en investigaciones,
las necesidades primordiales que favorecen el bienestar de los cuidadores son,
el descanso, la economía, el apoyo psicológico, conciliación entre el
autocuidado y el trabajo, la capacitación sobre enfermedades y la empatía de
instituciones y de personas que no son cuidadores. A su vez, las intervenciones
que han resultado más efectivas para los cuidadores son aquellas en formato
grupal y basadas en el modelo cognitivo conductual, en las que se promueva la
participación y cohesión con su comunidad.
Otro factor que es frecuente en estas instancias son
los problemas emocionales que manifiestan los residentes; dentro de estos
podemos encontrar el abandono, tristeza, desamparo, soledad, desinterés por la
vida; para poder apoyar en estas áreas en los centros es necesario aplicar
técnicas que sirvan como motivación para el desarrollo de la convivencias e
integración en todas las áreas que se desarrollan dentro de la instancia.
A este respecto, Escardó
(2020) señala diversas dinámicas que favorecen la participación y notridad, es
decir, la conexión con la comunidad, como la técnica de Role playing, en la que
los participantes interpretan roles desconocidos para comprender el papel que
desempeñan en la comunidad y de esta manera se favorece el entendimiento hacia
el mismo. También se menciona la técnica terapéutica del psicodrama, que
implica también role playing y los juegos teatrales, pues estas dinámicas al
desarrollarse por medio de la ficción permiten metaforizar las problemáticas y
fomentan la capacidad de identificarse con lo que sienten las otras personas.
Las opiniones deberán expresarse desde el rol y no desde una perspectiva propia.
La misma autora recomienda también la técnica de elaborar un collage y
exponerlo ante el grupo, actividades que proporcionan a los participantes una
sensación de bienestar al compartir tiempo con otras personas para la
realización de una actividad creativa. Estas técnicas se usan para fomentar la
colaboración y el trabajo en equipo, además de ayudar al abordaje de los
problemas grupales en ambientes institucionales, por lo cual se les considera
adecuadas para un contexto como el de un Centro Gerontológico, con el fin de
fomentar la integración y solución de problemas, no solo de los residentes, si
no de las personas que conviven con ellos a diario, es decir, quienes ahí
laboran.
Por su parte, Martínez (2021) analizó una intervención
basada en reminiscencia, cuyo objetivo fue el mejorar variables adaptativas y
emocionales en adultas mayores institucionalizadas después del confinamiento
por la pandemia de COVID. Del estudio se concluyó que la intervención mejoró el
aspecto cognitivo y disminuyó la ansiedad, la depresión y las emociones
negativas, así como la estimulación de emociones placenteras, y, por lo tanto,
a sentimientos de satisfacción, entusiasmo y energía. Después de tres meses se
evaluó que los efectos se habían mantenido. La misma autora explica que la
reminiscencia es una técnica que consiste en recordar y revivir eventos y
experiencias del pasado, con el fin de mejorar la salud emocional y psicológica
de las personas mayores y se le considera una herramienta eficiente para
mejorar la capacidad de afrontamiento de las personas mayores en situaciones
adversas o estresantes, pues se remarca su capacidad para superar los
obstáculos a lo largo de la vida. Esta técnica es efectiva para los adultos
mayores que viven en comunidad, pues al fomentar la interacción con otras
personas, disminuye la sensación de soledad y brinda una sensación de conexión,
comodidad y una fuente de resiliencia que ayuda a contrarrestar los problemas
de la vida y los sentimientos de estrés y angustia.
También pueden utilizarse técnicas narrativas,
utilizando estrategias como emplear cuentos cortos que contengan moralejas
relacionadas con valores como la solidaridad, la compasión, la perseverancia,
la apertura a diferentes perspectivas y la relativización de las verdades
absolutas. Se propone que los miembros del equipo creen o ilustren estos
cuentos y los compartan con el resto del grupo, para que todos puedan aportar
sus ideas y reflexiones que surjan de estas historias, en relación con su
trabajo diario y los valores institucionales. Para generar estos relatos, se
pueden usar diversas técnicas, como usar las imágenes de los collages o
seleccionar palabras al azar (sustantivos, verbos y adjetivos) puestos en
diferentes sobres para este propósito. La técnica del "cadáver exquisito"
para producir textos en grupo también se recomienda para fomentar la
participación y cohesión social (Escardó, 2020).
Al respecto de esta última técnica, Casas (2016)
menciona que se trata de un juego en el que varias personas participan en la
creación de frases o dibujos en diferentes secciones de un papel, sin conocer
lo que los demás han escrito o dibujado. Cada participante contribuye de manera
anónima, lo que provoca en los participantes incertidumbre acerca de cómo será
el resultado final. El juego se realiza en un papel y se va doblando
sucesivamente de acuerdo con los espacios asignados, ocultando las
contribuciones previas hasta que se complete la última intervención. Se trata
de una actividad que involucra la colaboración de varias personas con el
objetivo de crear algo juntos.
Por lo anterior, en
este trabajo nos enfocamos en la evaluación e intervención del ambiente
comunitario que se vive en las casas de retiro para adultos mayores,
específicamente del Centro Gerontológico “La casa de mis abuelos”; destacando
los temas de integración entre cuidadores, directivos, personal general y
residentes dentro del Centro; considerando este factor como la principal
necesidad que manifiestan tener dentro de esta comunidad; sin embargo, también
es importante destacar que esta desintegración tiene vertientes que se
manifiestan en distrés (estrés desadaptativo) en los trabajadores y descontrol
emocional en los residentes.
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